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Flores de funeral

Historia y costumbre de las coronas de flores funerarias

Procedentes de la época del hombre de Neanderthal, se han hallado restos de pólenes, vestigios del uso de flores, que previsiblemente fueron empleadas en los rituales de despedida y enterramiento de sus muertos.

Existen muchos yacimientos que aportan pistas similares de posibles ceremonias de enterramiento y funeral repartidos por todo el mundo, lo que indica la inquietud que siempre ha provocado la muerte entre los vivos.

No obstante, la tradición de enviar coronas de flores a los difuntos proviene de mucho después,  hace más de dos mil años aproximádamente, y es una manera de presentar el respeto y honrar a la persona que falleció. Es una tradición en casi todos los países del mundo.

Las coronas de flores son de forma circular porque simbolizan el ciclo de la vida, se nace, se vive, se muere y según religiones y creencias populares, se resucita a otra vida, no hay principio ni final en el continuo círculo de nuestra existencia.

Antiguamente, los muertos se velaban siempre en el hogar del difunto o en la intemperie, pues no había salas de velatorio,  tanatorios o crematorios, entonces las flores y coronas de flores eran puestas en las casas para eliminar el olor de la putrefacción de los cuerpos, también era costumbre quemar incienso junto a las flores, de esta manera se disimulaba en parte el hedor que producía la descomposición. Este era uno de los motivos fundamentales por los que se empleaban flores.

Hace ya años que han proliferado modernas salas de velatorio y tanatorio con aire acondicionado, en las cuales el finado permanece a la vista de los presentes al otro lado de un cristal, haciendo así más cómodo el duelo para los asistentes, pero el uso y costumbre de las coronas de flores sigue vigente a pesar de ello, se ha convertido en una liturgia que mantiene su costumbre en los cementerios y tanatorios.

Para la realización de las coronas se emplean flores frescas de temporada en su mejor estado y máximo esplendor como rosas, gladiolos, claveles, liliums y similares, siendo muy importante que sean flores muy frescas y llenas de color, pues este día tan triste debemos alegrar y compensar el bajo estado de ánimo, las flores secas u oscuras ensombrecen dicho estado y el difunto merece alegría y esplendor en su despedida, así lo hubiese deseado él mismo.

El tamaño ideal de las coronas de flores suele ser a partir de unos 50 cm de diámetro las más pequeñas hasta unos 120 cm aproximádamente las más grandes, aunque las más habituales suelen oscilar entre 70 y 80 cm, un tamaño adecuado para realizar una elegante corona suficiente para rendir nuestro respeto y dar el pésame de forma tradicional a los familiares más directos.

Las coronas normalmente las envían los amigos, compañeros de trabajo, familiares y allegados. Generalmente suelen acompañarse de una banda plástica o de tela sobre la que se imprimen unas palabras de recuerdo, un pésame o el nombre de los amigos que la envían, los cuales dejan constancia personal en su ofrenda de homenaje al difunto.

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